Thursday, November 16, 2006

UN URBANISMO MAS INTIMISTA


El “intimismo” -distinto a lograr intimidad- es tal vez la dimensión mas estrecha de vinculación, en que el acercamiento y la proximidad física permiten estrechar la comunicación y desnudar ante el otro los rincones del alma, exponiéndose sin caretas. Las confianzas, permiten conocer y mostrar nuestras interioridades, el ser más intimo.
Al igual como los Fiat 600 por el mínimo tamaño de su cabina y los ambientes masivos de proxémica apretada, también, la música romántica, el baile del tango, o tomarse un café acompañado en una mesita, creaban atmósferas muy intimistas que permitían conocer mas profundamente a una persona, hacer amigos de verdad o encontrar pareja.
La generación de estos ámbitos intimistas lograba vínculos con conexión emocional y afectiva, porque el encuentro cara a cara enfrentaba a las personas.

He tratado de explicarme porque me ha atrapado tanto el film “Perdidos en Tokio” de la directora Sophia Coppola y es porque logra esa atmósfera intimista -con una aparente liviandad- entre los protagonistas, extraños entre si. Ese encuentro en un país extraño, los lleva, finalmente, a encontrarse con el si mismo de sus propias conciencias. Lo interesante : evita la habitual relación amorosa a que nos tiene acostumbrado Hollywood, adentrándose en una profundidad más existencial.
La otredad, en este caso, permite explorar en definitiva quien soy yo, de una manera mas verdadera. El antiguo “conócete a ti mismo”.
Como pretexto, refleja una crisis de época en que los tiempos nos están poniendo a todos entre la espada y la pared, y son ineludibles, en algunos momentos, tener estos “cara a cara” con nuestros dramas urbanos.
Hay relatos de masividad que alcanzan su punto magistral en los momentos mas intimistas, porque se produce el encuentro con lo significativo, lo que realmente importa de la vida.
Los lugares de intimismo espontáneo en una ciudad, pueden darse en los lugares más insospechados, dependiendo de cómo la intimidad se apropie del espacio urbano. Ya sea, en una mirada de reojo en los trasportes públicos, compartir una vitrina, cohabitar un rincón “carretero”, codo a codo en una sala de urgencia o en la sala de un aeropuerto las oportunidades de entrar en esa escala proxémica intima con un extraño son innumerables.
El “Microurbanismo”, como una manera de ver la ciudad en su dimensión urbana a escala intimista, posee esa dimensión que no alcanza a tener el Urbanismo General de gran escala -que tiende a esquematizar la ciudad- poniendo la lupa en la micro escala de relación directa con los sucesos emocionales, que alimentan la psiquis colectiva de las ciudades.
Hoy todo esta dirigido a encontrar canales de un intimismo mas metafísico, en la cual se parecen proyectar las soledades, al igual como las pinturas de Hooper o Nemesio Antunez, por el gigantismo de la escala urbana.

Esto que le ocurre al habitante de las grandes ciudades, esta planteando que el existencialismo como corriente de pensamiento hoy es experiencia real de vida para millones de personas, mas que, solo ideas filosóficas. Viven, como Sartre o Camus especularon en textos teóricos.
El sentirse arrogado a un mundo para resistir el creciente anonimato, la indiferencia hacia el otro, el individualismo, la desconfianza no pueda verse como un absurdo producto de la nada, que “es sin llorar”. A veces se hace insoportable sentirse “extranjero” en el propio terruño, y explota por otros lados, en mil conflictos existenciales.
Era patético escuchar al Rumpy oír desnudar miserias íntimas por la radio, o ver relatos de la vida intima de la Raquel Argandoña en TV o la soledad disfrazada de tantos seres que se fabrican un personaje o de las personas que buscan “ciber sexo”. Hay tanto que decir al respecto.
Esta enajenación, que impide el intimismo en las relaciones humanas, carcome esa vinculación tan necesaria que tenia en forma natural la aldea o el poblado, y que se va perdiendo en la medida que las ciudades se transforman en megas estructuras.
Se hace cada vez mas necesaria tener una visión de “Microurbanismo” que incluya esa dimensión que restituye los espacios de confianza, en oposición a la invisibilidad del otro, o esa fría gentileza que se percibe en instituciones de venta de intangibles o de servicios, o esa “producida” sensación de ciudadanía masiva y populista, que en definitiva es abstracta.
Curiosamente el gigantismo urbano esta obligando a preocuparse, mas que nunca de la micro escala, donde se logra cierta sintonía fina personal en ese “envolvimiento intimista”. Hay un pick en la cercanía para lograr comunicación plena, cuando entra en juego el contacto real con la otredad.

Si el abrazo denota confianza, o un apretón de manos o un beso en la mejilla es señal de aceptación formal, sin llegar a un plano pasional, porque trata mas del encuentro publico urbano en la cual es muy incidente el ámbito espacial donde se desarrolla. Significa que los ámbitos necesarios a encontrar intimismo, son la base desde donde parten al encuentro del si mismo para ir al encuentro del otro.
Los espacios para encontrar la otredad, suponen la total confianza, y estos apuntan a generar vidas cruzadas y no paralelismos. Ámbitos en donde sea crucial que nos necesitemos los unos de los otros, en donde necesitemos pedir y recibir un producto con un intercambio personal, y no digitando una tecla, en donde sea primordial intercambiar palabras, incluso gestos y contactos físicos mínimos. Y más que todo, que debamos intercambiar miradas y sentir al otro en su proximidad física.En cierta forma, el “micro urbanismo” esta atento a este “intimismo urbano publico”, porque en definitiva eso es lo que hace ciudad. Es lo que le otorga

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