Friday, November 17, 2006

UNA FRIA GENTILEZA


A veces “nuestra arquitectura chilena”, como constructora de contextos, elabora paisajes donde nos desenvolvemos, que parecieran inducir emociones ajenas, en nosotros. Apropiándonos, de estos escenarios, como si nos vistiéramos con ropas prestadas, a pesar de sentir “importadas y ajenas”, finalmente terminamos por aceptar. El sistema como modelo, o al revés, termina “modelándonos”.
Estas emociones que vivimos, a nivel casi subliminal, curiosamente, terminan por ser más coherentes, de lo que la intención inicial supuso, tomando una vida propia que nos alcanza, y nos afecta hasta lo más profundo del alma.

En la anorexia espacial de ciertos cuerpos arquitectónicos contemporáneos me parece ver, algunas veces, como estos contenedores concebidos “a préstamo” traídos de Nueva York o Madrid sutilmente parecieran sincronizar o encajar ciertas semejanzas cualitativas de fría espacialidad e impersonalidad con “las maneras” de su acontecer.

La arquitectura es un vehículo de introducción de globalidad, de escenarios de ajuste, de rehacer y reconstruir permanentemente los escenarios y aun las identidades colectivas. Pero, es también la generadora de “Realidades Prestadas” que afectan la reconfiguración de estas identidades y como se vinculan
Pensamos lo que otros piensan o ponemos temas que otros introducen para hacerlos nuestros y asimilarlos a nuestra cultura vigente como un juego entre obsolescencia y vigencia, pero en definitiva son solo Instrumentos de construcción de contextos, al servicio del los sistemas.
Una manera de entender el significado de esto, es examinar la fría cordialidad de los llamados “Servicios Intangibles”. Estos, finalmente desnudan una dramática certeza.

En todo lo que sostiene la burocracia top de bancos, financieras, AFP, Isapres y otros pareciera “disimularse” una atmósfera de soledad existencial que queda oculta tras una sonrisa fabricadamente (producidamente) gentil.
Detrás de una fachada “ultra high tech” con un piso abierto como aparente “espacio acogedor y transparente”, esta oculta la hermeticidad del “piso superior” que es la “caja negra”, como las cámaras secretas de los antiguos templos, de quienes toman las decisiones, en definitiva, fríamente calculadas. Cuantas veces nos hemos quedado esperando, que la decisión venga de arriba. Estamos en manos de estos modernos sacerdotes herméticos.

Además, en la relación inicial de vinculación con estos “entes institucionales”, hay una velada verdad, que no aparece. Esta casi “simulación encubierta” es mutua tanto para el “funcionario” aparentemente “ejecutivo” como para el “cliente”, en que la determinación y autonomía es casi nula para ambos, cuando tras de ellos se impone “El Sistema”. Nadie queda mal, por que las decisiones las toma un cuerpo sin rostro.

Esta descarnada realidad que nos provoca una sensación de cierta desolación, pero intuido a nivel subliminal, parece refutar lo que son las certezas existenciales mas profundas. Finalmente nos despoja de las ilusiones, para comprender estos cuerpos abstractos y como nos vinculamos con ellos.
Más allá de percibir la cautividad del servicio, la operatividad del sistema, las funciones pragmáticas establecidas, de la cual la persona como cliente es una meta a alcanzar, sin considerar lo que realmente quiere o necesita.
Somos el producto de nuestras propias limitaciones o confianzas que ha ido construyendo el sistema. Si nosotros queremos un producto, finalmente la cosa se invierte, porque nosotros somos el producto : nuestro dinero es apetecible, aunque nosotros no lo queramos ver, al revés. Más bien, siempre fue así.
Son los vínculos despersonalizados de todos los días - que bien pudiera resolver la robótica como “el ser un buen funcionario” - en la cual “el factor humano” es casi mínimo e innecesario. Mi ejecutivo del banco es cada día, más mecanicista y reemplazable.

Como si el hombre estuviera supeditado a un sistema que el mismo creó, y que se le ha vuelto en contra. Pareciera adoptar el mismo rango de autonomía y capacidad de manejo que el aparato. Irremediablemente se vuelve parte del aparato. Tanto para el funcionario como el cliente. Y todo debe estar establecido en esos términos. No hay actos imprevisibles. Se detesta eso, como algo casi peligroso. El factor humano ha sido mecánicamente contenido.

Curiosamente, en los edificios inteligentes de estas corporaciones pareciera hablarse de “un sistema que opera solo” y del cual sus funcionarios son meros “operadores”, sin que estén involucrados, sino mas bien, supeditados a esta estructura inteligente. Como que hubiera algo maquinal que gobierna esas conciencias, algo muy deshumanizado.
Lo dramático de todo, es que son estos “no lugares” que contienen esta significación indirecta, la que impacta tan despiadadamente a veces en nuestras vidas, y sin embargo estamos en sus manos.

Como contenedores de “cuerpos sin capacidades de movimiento” en las decisiones, “operadores” que casi no tuvieran almas, cual maniquíes de carne y hueso que son soportes, una cara visible de algo invisible, un respaldo a una automática operación financiera que son los que en definitiva, se han vinculados de alguna manera con nuestro capacidad de retribuirlos económicamente.

Los eslóganes de que los “servicios son personalizados” parecen contradecir los verdaderos significados de establecer vínculos con nuestro patrimonio. Porque de esto, no tienen mas que una sonrisa producida con una fría cordialidad.

0 Comments:

Post a Comment

<< Home