Friday, December 29, 2006

LOS LENGUAJES CRIPTICOS

La falta de temas de universalidad de los guiones de directores de cine chilenos en opinión del critico Miguel Machalski denota una cultura con muchos patrones localistas que aunque parecen querer adentrarse en la identidad de lo chileno, finalmente se encierra en temáticas que no trascienden la anécdota.
Estos trozos de nuestra realidad imaginada, quedan como narraciones sin reelaboración, sin una interpretación que lleve implícito valores y códigos entendibles en forma genérica. Parecen, en la mayoría de los casos, historias que solo tocan las fibras de los chilenos, pero en la periferia del alma, no en su esencialidad.


Esto parece acentuarse cuando se da una mirada casual a los escritos de los blogs y estos dan cuenta, en muchos casos que es solo la expresión de la autoreferencia con que vemos la realidad. La mirada de la realidad es subjetiva -muy rica en significados- porque comunico lo que quiero que vean, y las lecturas no siempre logran leer lo que se quiso decir, en cierta forma “Vemos lo que queremos ver”, indudablemente percibimos lo que es significativo a nuestra particularidad.
Si bien en la juventud es explicable como etapa de descubrimiento del yo, del narcisismo necesario para construir su propia identidad personal, la permanente autoreferencia de mis propias significaciones, parece la tónica de la cultura actual como expresiones de lo fragmentario. Lo mas personal posible, aun cuando no sea una trama o una historia universal, y haya que descifrar las claves, porque ni siquiera se pueden traducir los mensajes enviados.
Sin embargo, en la subjetividad existe la universalidad. Asi al menos lo desarrollo la literatura universal.
Pero en los blogs, además de una natural autoproyección, encuentro cierto culto a lo críptico, que revela una tendencia generalizada en la cultura emergente.
Los signos que pintan los grafiteros, las vestimentas de los punk, el “argot” de los iniciados, los juegos computacionales o las rutas de los skates, al igual que algunas claves que entregan los textos que se supone que se difunden para ser leídos por todos sin selectividad son formas de lenguajes, a veces, un tanto oscuros y enigmáticos. Debieran estar abiertos al entendimiento de todos, pero no es asi.
Este carácter tribal de accesos a mis propios mensajes en la cual los codigos se establecen a partir de las identificaciones nos sugiere cierto culto al enigma, al hermeticismo, el cual de cierta manera juega con este “no quiero revelar”, y solo estoy transitando hacia una definición que no esta clara, o es relativa.


Los jóvenes son enigmáticos, cuesta comprender sus claves. En cierta juventud hay una fascinación por lo oscuro, ser bizarro y críptico –oscuro- es top. Lo “cult”- bacán en chileno- es vestir de negro, ser distante y poco predecible. Y ni siquiera en eso, son especialmente explícitos en sus expresiones.
Igualmente lo vertiginoso del lenguaje y el cruce de intervueltas de la realidad narrada, terminan por marear, por su ritmo vertiginoso, por la falta de pausas y lo entrecortado de las expresiones, así como el desenvolvimiento de las ideas.
En los lenguajes, en ocasiones hay léxicos superpuestos que hacen difícil su lectura y enigmática su comprensión. Se requiere de una doble lectura o de leer entre líneas.
Es cierto que la inmersión en lo contextual de la realidad, particulariza la mirada acentuando el suceso local con todos los matices. Sin embargo la inconexión , la ambigüedad de los contenidos, la hipertextualidad y superposición de ideas y sensaciones que concurren en un texto, prácticamente lo hace incomprensible a quien no este en complicidad con el autor o que haya vivido la misma experiencia, o que tenga las claves para entender el mensaje.
Es importante en la literatura clásica la universalidad de los temas aunque trasmitan la sutileza sicológica y la complejidad del contexto de época o de cultura. Se entiende igual, porque hay una problemática universal.
El juego es universalizar lo personal. Es la clave para no ser tan críptico, y llegar a todos, y al mismo ser genuino, tener un lenguaje propio.